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jeudi 9 avril 2015

DIVINE MERCY -- MISERICORDE DIVINE -- DIVINA MISERICORDIA



Divine Mercy

(Acts 4:32-35; 
1 John 5:1-6; 
John 20:19-31)
Fr. Rene Butler, MS

In a sense, all of today’s readings are summed up in the phrase repeated three times in the responsorial Psalm: “His mercy endures forever.” That is not surprising, since we may say the same about the whole of Sacred Scripture. And we may say the same about the Apparition and the Message of Our Lady of La Salette as well. It is no surprise that those who love Our Lady of La Salette speak quite naturally of her “merciful” Apparition.
All revelation is a manifestation of God’s mercy, whether we speak of the “public” revelation contained in Scripture and Tradition, or “private” revelations like that given to the two children at La Salette, and that received by St. Faustina, which laid the foundations of the Divine Mercy devotion.
“Peace be with you,” Jesus said to his disciples, mercifully dispelling the fear which had kept them behind locked doors. Mary’s call, “Come closer, children, don’t be afraid,” brought peace instantly to Maximin and Mélanie.
Jesus’ words to Thomas, “Do not be unbelieving, but believe,” find a resounding echo at La Salette. Mary reminds us that, as we read in 1 John, “God’s commandments are not burdensome.” She lovingly and mercifully reminds us of our duty toward God, and with a prophetic vision of good things to come, she hopes to make her people eager to return to God and seek his forgiveness.
All this is mercy, the fruit of compassion. Jesus’ compassionate attitude toward Thomas is a manifestation of it. So is the oneness of heart and mind of the community of believers that led to a sharing of resources. Not for nothing do we speak of “works” of mercy, because we know that mercy is not just a feeling but a way of acting towards others.
When we say, “Lord, have Mercy,” we are asking for at least two things: help in time of trouble, and forgiveness of sins, i.e., reconciliation with God.
Jesus told St. Faustina, “Call upon my mercy on behalf of sinners.” We invoke Our Lady of La Salette as Reconciler of Sinners. In humility, let us not forget to include ourselves among them.

(Actes 4:32-35; 
1 Jean 5:1-6; 
Jean 20:19-31)
Pere Rene Butler, MS


Pape John Paul II a désigné le deuxième dimanche de Pâques « Dimanche de la Miséricorde divine, » conformement à la dévotion promulguee par St. Faustina Kowalska.
Ceux qui aiment Notre Dame de La Salette, parle tout naturellement de sa « miséricordieuse »  Apparition.
Après tout, chaque révélation privée, que ce soit La Salette ou les visions de Sainte Faustine, est une manifestation de la miséricorde de Dieu. La prière, « Jésus, j'ai confiance en vous, » qui accompagne l'image de la Miséricorde Divine, résume parfaitement pourquoi Marie est venue à La Salette. Son peuple n'a plus de confiance en son fils. Ils ont négligé les sacrements et abusé de son nom, blâmant son fils, au lieu d'eux-mêmes, pour leurs souffrances.
Jésus a dit a St. Faustina, « fait appel à ma miséricorde au nom des pécheurs. » Nous invoquons Notre Dame de La Salette comme réconciliatrice des pécheurs. En toute l'humilité, n'oublionspas de nous compter parmi eux !
Traduction: Paul Dion



 (Hechos 4:32-35, 
1 Juan 5:1-6, 
Juan 20:19-31)
Padre Rene Butler,MS


En un sentido, todas las lecturas de hoy se resumen en aquella frase que se repite tres veces en el Salmo Responsorial: “Su misericordia permanece para siempre”. No es una sorpresa, ya que podríamos decir lo mismo de toda la Sagrada Escritura. Y también podríamos decir lo mismo de la Aparición y del Mensaje de Nuestra Señora de La Salette. No es una novedad de que aquellos que aman a Nuestra Señora de La Salette hablen con mucha naturalidad de la “misericordiosa” Aparición.
Toda Revelación es una manifestación de la misericordia de Dios. Ya sea que hablemos de la revelación “pública” contenida en la Escritura o en la Tradición, o de la revelación “privada” como la que se le fue dada a los niños de La Salette, y la recibida por Santa Faustina,  que puso las bases para la devoción a la Divina Misericordia.
 “La paz sea con ustedes” dijo Jesús a sus discípulos, disipando misericordiosamente el miedo que los tenía tras puertas cerradas. El llamado de María, “Acérquense, hijos míos, no tengan miedo”, llenó inmediatamente de paz a Maximino  y Melania.
Las palabras de Jesús a Tomás, “No seas incrédulo sino hombre de fe” encuentran un eco resonante en La Salette. Al leer  la primera carta de Juan, “los mandamientos de Dios no son una carga”,  María con misericordia y amor nos hace recordar nuestro deber para con Dios, y con las visión profética de las buenas cosas que están por venir, ella espera que su pueblo desee ardientemente volver a Dios y busque su perdón.
Todo es pura misericordia, el fruto de la compasión. La actitud compasiva de Jesús hacia Tomás es un manifestación de la misericordia. Es también la unidad de corazones y de mentes de la comunidad de los creyentes que los lleva a compartir lo que tienen. No es por nada que hablamos de las “obras” de misericordia, porque sabemos que la misericordia no es solo un sentimiento sino una manera de actuar con respecto a los demás. 
Cuando decimos, “Señor, ten Misericordia” estamos pidiendo por lo menos dos cosas: ayuda en tiempos de desolación y perdón de los pecados, es decir: reconciliación con Dios.
Jesús le dijo a Santa Faustina: “Invoquen mi misericordia por los pecadores”. Nosotros invocamos a Nuestra Señora de La Salette como la reconciliadora de los pecadores. En humildad, no olvidemos  incluirnos a nosotros mismos entre los pecadores.
Traduccion: Hno. Moises Rueda, MS